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Algunos Temas Fundamentales

La Existencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo

Dios

En la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, se profesa la existencia de Dios, el Dios creador, el que hizo los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay.

En ese Dios que no tiene principio ni tiene fin, que es el Primero y el Último, el Alfa y la Omega. En el Dios del que habla la Biblia, Libro de Libros inspirado por Él mismo, mediante su Santo Espíritu, y que usando la boca y la pluma de los servidores de Dios a través del tiempo, ha llegado hoy, compilado hasta nuestros días.

Señala la Escritura en Deuteronomio 6

4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

Acerca de ese mismo Dios, siendo uno con Él, se refirió el Señor Jesucristo en Marcos 12.

29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

Se trata entonces de ese Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y creemos en que es y que le hay, y que es galardonador de los que le buscan, como bien lo indica Hebreos 11.

6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Ese mismo Dios dio a entender a los hombres, que su pluralidad y divinidad era evidente, desde los primeros versos de la Biblia, cuando indica que ellos tres, estaban presentes en la creación misma de todas las cosas. Así el libro del Génesis lo hace saber, incluso desde su primer capítulo.

26. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

O cuando con el ánimo de deshacer las pretensiones de los hombres en la tierra de Babel, se manifestó allí confundiendo el habla de los seres que habían comenzado aquella obra, como se registra en Génesis 11.

6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

Pero tan preciosa verdad, también es puesta en evidencia en el Nuevo Testamento, cuando el Apóstol Pablo, dando cuenta de la Grandeza del Altísimo Dios, se refiere Él en la Primera carta a los Corintios, que siendo uno, hace multiplicidad de operaciones.

4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. 5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Es un solo Dios entonces, pero es Padre, Hijo y Espíritu Santo.


  • El Padre

    Refiriéndose al Padre, la Biblia, por citar sólo uno de los muchos ejemplos, lo destaca de hermosa manera, con toda poesía y belleza, como el Anciano de Días, en Daniel 7.

    9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. 10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él;

    O cómo no recordar la visión de Isaías, que en su capítulo 6, nos relata el momento en el que recibió el llamamiento de Dios, no autoproclamándose profeta del Señor, sino siendo tomado por el Señor, a iniciativa de Él, para poner en Isaías Sus Palabras.

    1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

    Ese es Dios, Jehová es su Nombre, Jehová de los Ejércitos, el Poderoso en batalla, el Fuerte, el Sublime Dios, el único Dios, y ninguno hay como él, tal cual lo expresa Isaías en su capítulo 44.

    8 No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.

  • El Hijo

    Con Dios, en el Principio, estaba el Hijo, en toda la creación de lo que hoy ven nuestros ojos. En Génesis 1 así se observa, cuando refiriéndose espiritualmente a la Luz, que posteriormente habría de tomar carne, en nuestro Señor Jesucristo, dice:

    3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

    No se trata de la luz material que llega a nosotros primeramente desde el sol, porque de ésta, más adelante, en el verso 18 del mismo capítulo, habla en estos términos:

    18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.

    Y esto es corroborado cuando en Juan 1, la Biblia también lo señala:

    1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

    Se trata entonces de un Plan establecido por Dios desde antes de la fundación del mundo, cuando espiritualmente, entre el Padre y el Hijo, ya estaba concertado un papel, un pacto entre ellos, para darnos acceso a la salvación, a la vida eterna, según su Obra Redentora en la cruz del Calvario.

    Todo el capítulo 53 del libro del Isaías profeta, es dedicado a la Obra Redentora de nuestro Señor Jesucristo, anunciada, anhelada y consumada en quienes, con temor de Jehová, le vieron y creyeron en la merced del Altísimo por medio del Salvador.

    1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

    4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

    7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

    10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

    Y también en el Salmo 40 así lo confirma la Palabra escrita de Dios.

    7 Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de ;

    Así pues, siendo como es, el Unigénito del Padre, se dio a sí mismo por nosotros, para darnos acceso a esta Salvación tan grande, tal cual como lo refiere el Evangelio según Juan, en su capítulo 3.

    16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

    Mas por medio de Él hay salvación, como hemos dicho, pero para alcanzar tal merced de parte de Dios, es preciso creer en Él, creerle a Él, pero en realidad de verdad, aunque parezca cosa sencilla, no lo es tanto, y no puede entonces resultar cierto que todos lograrán el preciado resultado, pues si así fuera, y si el Altísimo no rechazare a quienes han hecho lo malo, y éstos, quedando destituidos de la Gloria de Dios, recibieren el mismo pago de vida eterna, mas no el de condenación eterna, no diría la Biblia lo que aquí acaba de citarse.

    Sin duda, Dios quiere que la Salvación de los seres, pero de entre todos, la alcanzarán quienes hagan lo bueno, quienes sean los verdaderos hijos de Dios, quienes, una vez partan de este mundo, resulten aprobados y comprobados, como parte de la Iglesia del Dios Soberano, y sean parte activa e integrante de las Bodas del Cordero.

    Vistas así las cosas, no puede entonces descartarse; como la Escritura no lo hace, pero algunos, equivocadamente, sí lo creen; la expectativa de condenación eterna, no sólo para el diablo, cuya existencia también es evidente, sino para los que le ayudan, y para todos los artífices de las obras infructuosas de las tinieblas, de las cuales, los que temen y aman a Dios, deben apartarse y huir.

    Es por ello que el Señor Jesucristo, en Mateo 25, claramente hace diferencia entre ovejas y cabritos, entre los que están a la derecha y lo que están a la izquierda, entre los que irán a castigo eterno y los que alcanzarán vida eterna.

    31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey diráa los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

  • El Espíritu Santo

    De Él entonces, de nuestro Señor Jesucristo, se desprende la promesa de la venida del Espíritu Santo, del Consolador, como se lee en Juan 15.

    26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

    No obstante se trata de un compromiso que ya estaba escrito en los propósitos de Dios, y que se concierta en el Nuevo Pacto, para que de este modo, se dé cumplimiento en este tiempo, en la Iglesia, a la promesa hecha por medio del profeta Joel en su capítulo 2.

    28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

    Se vivió pues, en medio de la fiesta de pentecostés, cuando cumpliendo el Señor su palabra; y siempre que Dios habla, cumple; descendió el Espíritu, con poder, en medio de los 120 que estaban congregados en el aposento alto, según refiere la Escritura en el capítulo 2 de Hechos de los Apóstoles.

    1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

    Se hace pues evidente y esplendorosa la Obra Gloriosa del Espíritu Santo. Es cierto que había actuado, como Dios mismo, en otros momentos de la humanidad y de la Iglesia, pero a partir de ese día, su función en medio de los hombres adquirió otra connotación.

    El Espíritu Santo se hace evidente en medio de la Iglesia, principalmente, guiándola, porque no siendo los hombres, las personas que orientan la obra del Señor, sino Él mismo, se demuestra, Dios mismo lo demuestra, que la Obra es de Dios, del Creador, y no de la criatura.

    Por eso en Romanos 8 habla con precisión acerca de esa Guianza.

    14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

    Su presencia en medio de nosotros, Su presencia en medio de la Iglesia, da fe de la verdad de la Obra de nuestro Señor Jesucristo, por tanto, de la existencia de Dios mismo, siendo el Espíritu Santo, un solo Dios con el Padre y el Hijo, como se observa en 1 de Juan 5.

    6 Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. 7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno

    Como quiera que la Iglesia es guiada, dirigida y gobernada por Dios, por medio de Su Santo Espíritu, muchas son las funciones que Él realiza hoy en medio de nosotros, y que se hacen evidentes todos los días, en diversos lugares del mundo.

    Por ejemplo, el bautismo en el Espíritu Santo, que es al mismo tiempo prueba fehaciente de la existencia y primera venida del Señor Jesucristo, como lo declaró Juan el Bautista, en Mateo capítulo 3.

    11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

    Sobre esta merced y realidad de recibir el bautismo con el Espíritu Santo, lo cual significa que Dios, por medio de su Espíritu, entre a morar en nuestro corazón, y del valor de la imposición de manos para que venga a nosotros esta bendición, realidad que está presente en medio de la Iglesia, también vale la pena tener presente lo que señala el capítulo 8 de Hechos.

    14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.

    Esta hermosa verdad, también la refiere el Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, en su capítulo 5, usando de términos más poéticos, pero que en definitiva indican acerca de la misma bendición de la que venimos hablando.

    5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado

    Además de morar en nosotros, nos permite vivir la llenura con él, así como sucedió con el Apóstol Pedro, que habiendo ya recibido el Espíritu Santo, dice la Escritura que “fue lleno”, en el momento específico que lo necesitó, para dirigirse a los gobernantes del pueblo que los interrogaban y referirles las maravillas del Señor, sus planes y sus propósitos. Así lo enseña el libro de Hechos de los Apóstoles, en su capítulo 4.

    8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.

    El Espíritu Santo, también se encarga de que la predicación del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, sea puesto en evidencia, no sólo con la palabras que se emitan al respecto, bien desde un púlpito, bien diariamente con el ejemplo de vida de los Hijos de Dios, sino que tal predicación, sea acompañada permanentemente, de la demostración de Espíritu y de Poder. Así puede notarse en 1 de Tesalonicenses 1.

    5 pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

    O también en 1 de Corintios 2, en los siguientes términos.

    4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder

    Una vez viene sobre el ser humano el bautismo en el Espíritu Santo, también por el mismo Espíritu, se despiertan y empiezan a operar en el ser los dones espirituales que Dios ha puesto en la persona. Además del hablar en lenguas, que como hemos dicho, es la señal inequívoca de haber recibido tal bendición, bien puede ocurrir que en el mismo momento se hagan evidentes otros dones espirituales, como el don de profecía, como se ve en el capítulo 19 de Hechos, o también puede suceder que tales manifestaciones se den más adelante, en momentos separados para el creyente.

    5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. 7 Eran por todos unos doce hombres.

    Aunque lo que hasta aquí se ha dicho sobre el Espíritu Santo es una verdad hermosa, sigue siendo poco, pues a la luz de la Biblia y de la Doctrina, los ejemplos son incontables.

    No obstante, es preciso que se mencione el protagonismo de la Obra Gloriosa del Espíritu Santo en nuestras vidas, que operando un milagro, nos ayuda a cambiar nuestra mala manera de vivir, y transforma nuestros corazones, para que agrademos a Dios en todo, y lo amemos con un corazón sincero. Basta entonces recordar lo que en Tito, capítulo 3, señala la Biblia.

    4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Indice

Introducción
La Existencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
La Biblia como Palabra Escrita de Dios
Existencia y Valor del Ministerio Llamado y Escogido por Dios
El Rol de la Mujer en la Iglesia
Una Iglesia Universal para Todos
El Bautismo en Agua
El Bautismo en el Espíritu Santo
Dones Espirituales e Imposición de las Manos
El Don de la Profecía
El Cambio de Vida
Resurrección y No Reencarnación
La Bendición de la Vida Eterna

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