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Algunos Temas Fundamentales

Existencia y Valor del Ministerio Llamado y Escogido por Dios

El apóstol Pablo, refiriéndose a la Iglesia, y dirigiéndose a Ella misma, resaltaba la importancia y el valor del fundamento puesto por Dios mediante apóstoles y profetas, y cómo el Señor por medio de ellos, edificaba su Obra. Así se ve en el capítulo 2 de Efesios.

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

 En otro pasaje, un poco más adelante, en el capítulo 4, recalca en los términos siguientes:

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

Destacando no sólo la existencia de estos ministerios, sino su trascendencia e importancia respecto de la congregación misma.

 Ahora bien, es necesario precisar que es un método deliberado de parte de Dios, el seleccionar Él mismo un ser, un corazón, para ejercer la dirección o el liderazgo delante del pueblo.

 Incontables son los ejemplos que hallamos en el Antiguo Testamento, como por medio de Abraham, Isaac, Jacob o José, en sus días, el Dios Creador dirigía y se manifestaba al pueblo.

 Pero posteriormente no fue diferente, sino que vinieron Moisés, Josué, Gedeón, Sansón, Débora y muchos jueces, profetas o reyes, que tuvieron la misión de gobernar, dirigir u orientar las acciones en relación con los escogidos de Dios.

 En el Nuevo Testamento encontramos que también ello fue así, pues el Señor nuestro Dios escogió a Pedro para que presidiese el ministerio ante los judíos, y por su parte, hizo de idéntica manera con Pablo para que ejerciese tal labor, respecto de los gentiles.

 Hablando de estas cosas, el apóstol Pablo relató lo siguiente en 1 de Timoteo, en su capítulo 2.

 7 Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.

Y ahondando todavía mucho más en este asunto, en el capítulo 2 de Gálatas, enseña:

7 Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles),

Es claro entonces que, existiendo, como en efecto existían en aquel entonces, muchos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, al punto tal que en algunas iglesias como en la de Corinto, dice la Escritura que nada les faltaba en ningún don, entre todos ellos se distinguía un ser, a quien Dios había llamado, para liderar entre todos.

Así mismo ocurre en nuestro tiempo. La manifestación es completa en la Iglesia, el Espíritu Santo la guía, se cree y se vive el mismo fundamento del apostolado, los profetas y otros ministerios, pero entre ellos, como lo ha hecho desde el principio, Dios escogió, Él directamente, el corazón de quien lidera o dirige los destinos de la Iglesia, llamamiento que fue depositado por el altísimo Dios en la Hermana María Luisa Piraquive, la Sierva del Señor.

Ejemplos de los llamamientos que Dios ha hecho, son muchos. Por ejemplo, cuando le dijo el Señor a Abraham que saliera de su tierra, que dejara atrás a sus parientes, y caminara en pos del camino que Él le mostraría. En Génesis 12 se da cuenta de esta experiencia, y de cómo el patriarca, sin titubear siquiera, obedeció a la voz de Dios.

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

 Más adelante, en 1 de Samuel 3, vemos cómo de hermosa manera, y de modo insistente, Jehová Dios hizo su llamamiento al profeta Samuel.

 4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. 6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. 7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. 9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. 10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.

 O cómo le fue revelada la palabra de Dios al profeta Jeremías, según el libro de lleva su nombre en el capítulo 1.

4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

 Incluso, cuando el apóstol Pablo, relatando ante el rey Agripa la experiencia que tuvo en su primer encuentro con nuestro Señor Jesucristo, indica que él no fue rebelde a la visión por medio de la cual fue llamado, y la atendió al instante, diciéndole a Dios: ¿Qué quieres que yo haga? Así da cuenta de ello Hechos 26.

 19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, 20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Entonces, gracias a la existencia de ese Llamamiento del Altísimo Señor, de esa escogencia que el Poderoso Dios hace respecto de su Siervo o Sierva, es que Dios respalda, y por lo tanto, resulta innegable la prosperidad, la bendición y el crecimiento de la Iglesia.

Indice

Introducción
La Existencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
La Biblia como Palabra Escrita de Dios
Existencia y Valor del Ministerio Llamado y Escogido por Dios
El Rol de la Mujer en la Iglesia
Una Iglesia Universal para Todos
El Bautismo en Agua
El Bautismo en el Espíritu Santo
Dones Espirituales e Imposición de las Manos
El Don de la Profecía
El Cambio de Vida
Resurrección y No Reencarnación
La Bendición de la Vida Eterna

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