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Algunos Temas Fundamentales

Una Iglesia Universal para Todos

Traigamos a la memoria una vez más, el pasaje que hace poco mencionamos en el que el Apóstol Pablo, dirigiéndose a la Iglesia de Galacia, aclaraba que no había tipo alguno de diferenciación o discriminación, respecto del acceso al Evangelio Completo del Reino de los Cielos.

26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Así las cosas, no sólo es claro que las puertas de la Iglesia han de estar abiertas para hombres y mujeres por igual, sino que no cabe el hacer acepción de personas, en razón de sus creencias previas, de su color de piel, de su comunidad, su pueblo o su origen territorial, de su condición económica, de sus capacidades físicas o intelectuales, de su ideología, de su modo de pensar, o de su orientación sexual. Para todos, sin excepción, es la posibilidad de acercarse a la Fe en Cristo Jesus, en el Espíritu Santo, en el Padre, en el Único Dios Verdadero.

Recordemos que el sacrificio del Señor, en la cruz del Calvario, consiguió, eliminar esa separación preexistente, por la cual también estuvo la humanidad excluida de ser pueblo de Dios, como bien lo reitera Efesios 2.

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

Entonces, sea cual sea nuestra condición, la Iglesia se ofrece Universal para Todos, en este tiempo, gracias al Obrar del Señor Jesús, a su único y perfectísimo sacrificio, al trato directo de Dios con los creyentes, que día a día se pone en evidencia, gracias al Llamamiento y al Respaldo de Dios.

Nos corresponde, a cada uno de nosotros entonces, aprovechar la oportunidad, valorar lo que Dios hace en medio nuestro, disponernos para Él, y dedicarnos a Él, para abrir la puerta de nuestro corazón, al llamado del Señor, como también Él lo anunció en Apocalipsis 3. Tengamos, pues, oídos para oír, y oigamos.

20 He aquí,yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Indice

Introducción
La Existencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
La Biblia como Palabra Escrita de Dios
Existencia y Valor del Ministerio Llamado y Escogido por Dios
El Rol de la Mujer en la Iglesia
Una Iglesia Universal para Todos
El Bautismo en Agua
El Bautismo en el Espíritu Santo
Dones Espirituales e Imposición de las Manos
El Don de la Profecía
El Cambio de Vida
Resurrección y No Reencarnación
La Bendición de la Vida Eterna

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