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Testimonios en Bogotá y Girardot (Colombia) – Agosto 2017

Testimonio en Suba, Bogotá (Colombia):
La hermana testifica que a su hija le diagnosticaron un trastorno en su desarrollo, pero el Señor en profecía le hacía promesas y que le haría una pregunta a la hermana María Luisa. Así fue que ella le dijo a su hermano quien iba a viajar a Estados Unidos, que si encontraba a la hermana le dijera de su situación.

Testimonio en Girardot, Cundinamarca (Colombia):
La hermana testifica de la grandeza, la misericordia y el poder de Dios, fue diagnosticada en abril de 2016 con un cáncer invasivo, todos sus órganos estaban invadidos, fue programada para cirugía para el 9 de mayo, los médicos no pudieron hacer nada, le daban días de vida, pero la hermana le oraba a Dios y le decía que Él era el dueño de su vida y recordaba las promesas que Él le había hecho, donde le decía… “yo te daré salud y vida abundante para que me sirvas y tu testimonio dará la vuelta al mundo, porque me manifestaré en ti grandemente en esos momentos difíciles…”. Y así fue, la sometieron a seis ciclos de quimioterapia, luego fue programada en octubre 19 para volver a intentar cirugía, dos días antes de la cirugía tuvo un sueño, donde Dios le entregaba un plato muy bonito con todos los tumores que tenía en su cuerpo y le decía: “Mira Carmen, esto es todo lo que tu tenías, ve confiada…”, ella fue tranquila a la cirugía, duró 7 horas y cuando salió el médico a informar a sus hijos dijo: “todo fue un éxito, hemos podido retirar todos los tumores, todo lo que nuestros ojos pudieron ver lo hemos extraído y es posible que ella supere todo esto”. Luego tuvo tres ciclos más de quimioterapia, terminó en enero de este año, continuó asistiendo al instituto cancerológico a sus exámenes y hace 15 días, fue a examen de control y para honra de Dios, los antígenos estaban normales, como de una persona que nunca ha padecido de cáncer. Es feliz, le da gracias a Dios, a la hermana María Luisa y a todos los hermanos que de una u otra manera oraron por ella, manifiesta que nunca lloró por esa enfermedad, siempre confió en Dios, como a los 15 días de ser diagnosticada escuchó de boca del hermano Carlos Alberto la predicación “Confiar en Dios” y fue como Dios le dio esa fortaleza; Dios existe, Dios vive y no me se dejó derrotar de esa enfermedad. Hoy es feliz y ese diagnóstico de días de vida no se cumplió, pues ya lleva año y medio y le da la honra y la gloria al Señor.